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martes, 3 de abril de 2018

Hugo vs Cristiano

La obsesión de Cristiano Ronaldo, marcar un gol de "chilena", se cumplió en el mejor escenario posible, en la competición más importante de clubes, la Liga de Campeones, y con un remate impresionante que encumbró un arte que dignificó hace décadas el mexicano Hugo Sánchez.

El delantero portugués tenía entre ceja y ceja marcar un tanto de chilena. A lo largo de su carrera lo había intentado en múltiples ocasiones sin éxito. Muchos de sus detractores, ante sus errores, se frotaban las manos y ensanchaban sus críticas cuando Cristiano fallaba, a veces de forma aparatosa, en sus intentos de emular a Hugo Sánchez.

Pero por fin, ante la Juventus, Cristiano se quitó un peso de encima. Su sonrisa lo decía todo después de marcar el 0-2 en el minuto 64, instante en el que se congeló el tiempo en Turín. Justo en ese momento, Cristiano recogió un centro desde la banda derecha de Dani Carvajal y, tras un salto espectacular, hizo su chilena soñada.

Gianluigi Buffon, que salvo milagro ya no podrá ganar su ansiada Liga de Campeones, hizo la estatua hipnotizado por el remate de Cristiano. Sólo pudo mirar como la pelota entraba por la izquierda de su portería. Y, por dentro, un caballero como Buffon, seguro que aplaudió la acción de su rival, que se paró en el aire para hacer uno de los remates del año.

En la grada, el tiempo también se paralizó. Los aficionados del Real Madrid se volvieron locos, pero los de la Juventus, aplaudieron la acción de Cristiano Ronaldo, que agradeció el detalle de la hinchada rival llevándose la mano al pecho y levantando el dedo pulgar.

Tal vez, Cristiano nunca imaginó que iba a celebrar un gol de esa categoría en un escenario semejante y en la mejor competición posible con permiso de un Mundial o una Eurocopa. Y, por eso, puede ser que su chilena sea más valiosa que la que encumbró en ese arte a Hugo Sánchez.

Y es que, si algún jugador tiene asociada a su figura el arte de la chilena, ese no es otro que el jugador mexicano, que en los años 80 hizo varias obras de arte. Ganador de cinco trofeos de máximo goleador de la Liga, cuatro con el Real Madrid y uno con el Atlético, también fue capaz de paralizar a un estadio, en este caso al Bernabéu.

El 10 de abril de 1988, en un partido de Liga contra el Logroñés, se elevó como un acróbata para rematar un centro de Rafael Martín Vázquez desde la banda izquierda. En el centro del corazón del área apareció una figura morena, de pelo rizado, que conectó una chilena impresionante que levantó al público del Bernabéu.

Fue su mejor momento detrás de una vida de esfuerzo para perfeccionar un remate a la altura de muy pocos futbolistas. Algunos, como Wayne Rooney, también consiguieron su foto, pero Hugo Sánchez y este martes, Cristiano Ronaldo, consiguieron la imagen estética más perfecta.

Un día, Hugo Sánchez habló sobre cómo consiguió ser el mejor rematando de chilena: "Trabajaba una y dos y diez y cien mil veces el remate de la chilena. Quise homenajear a mi padre. Quería que ese remate fuera un símbolo en mi carrera como futbolista". Antes, Hugo había visto a su padre hacer ese remate, cuando era niño, y quiso homenajearle. Lo consiguió.

Casi 30 años después, exactamente 29 años, 11 meses y 22 días desde que Hugo Sánchez hizo su obra de arte, apareció Cristiano Ronaldo para hacer el mejor homenaje al mejor 'chileneador' de la historia.

El jugador portugués se deleitó con uno de los remates de su vida en el mejor momento posible. Ahora, se abrirá el debate sobre cuál es la chilena perfecta. Hugo y Cristiano, sin duda, dignificaron uno de los artes más complicados del fútbol. En eso, no hay debate.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Valverde le gana la jugada a Zidane

El Barcelona se impone en una gran segunda parte a un Madrid irreconocible tras el descanso y que pagó en exceso el Mundial de Clubes.

Volvió a suceder. Y ocurrió en el mejor escenario posible. La pócima mágica de Valverde en el Barcelona envenenó a otro rival más y la Liga parece más azulgrana que nunca. Los 'culés' aguantaron en la primera mitad y machacaron tras el descanso, sumando su tercer triunfo consecutivo en el Santiago Bernabéu en Liga y haciéndolo como un equipo aparentemente sólido y sin fisuras.

Zidane mordió el anzuelo y lo hizo desde antes del inicio del choque. Apostó por Kovacic buscando repetir la solidez de la Supercopa y relegó a Isco al papel de mero espectador. El salvador del Madrid en tantas y tantas ocasiones durante este 2017 se quedó en el banquillo y el partido ya nunca tuvo ese guion de dominio aplastante blanco y repliegue azulgrana que se esperaba en las horas previas.

Con todo, los blancos acabaron teniendo el control de salida. Su mayor necesidad les empujó a tener el balón, aunque la primera mitad se cerró con igualdad de oportunidades: dos por bando. El Barcelona, muy relajado tras el pinchazo del Atlético ante el Espanyol, puso en práctica una vez más su táctica de este inicio de campeonato. Los 'culés' controlaron, maduraron el choque y mataron cuando el cansancio del rival hizo acto de presencia.

Cristiano y Paulinho.

El mayor dominio territorial de los de Zidane en la primera parte no les permitió traducirlo en ventaja en el marcador. Apenas dos ocasiones, una bien detenida por Ter Stegen y otra en el enésimo remate al palo de Benzema, tuvieron los 'merengues' para llevarse a la boca en el primer acto. Demasiado poco para lo que el Real Madrid se jugaba y para amedrentar a un Barcelona que apenas sufrió en unos primeros 45 minutos bastante aburridos.

Por parte azulgrana, de nuevo la presencia física de Paulinho emergió en un equipo que otros años hubiera sufrido con un centro del campo similar en el Bernabéu. El brasileño no sólo sostuvo con sus ayudas a los 'culés', sino que tuvo las dos más claras de la primera parte gracias a su sociedad con Messi. Por suerte para Zidane y los suyos, en ambas se encontró con un Keylor Navas que, sin quererlo, acabó siendo también decisivo.

Kovacic y un error criminal.

Messi, que no entró demasiado en juego en la primera parte, fue decisivo en la segunda. E iba a serlo sin quererlo en el primer gol de los suyos. Kovacic, impecable en los primeros 45 minutos, se olvidó de la presión a Rakitic y se centró demasiado en Messi, dejando que su compatriota sirviera para Sergi Roberto y que el canterano encontrara a Suárez en el segundo palo.

El 0-1 reforzó esa idea de dormir y dormir el choque y matar en la segunda parte que tiene Valverde. El Barcelona fue otro con ventaja en el marcador y al Madrid, irreconocible desde el descanso, se le empezaron a ver las costuras. El enésimo lío de Varane y Casemiro sería letal para los de Zidane. Suárez perdonó dos veces a pase de Messi, pero Carvajal evitó el 0-2 de Paulinho con la mano bajo palos. Penalti, expulsión y hachazo a la Liga con el gol de Messi.

De ahí al final, el Barcelona pudo jugar a su antojo, pero levantó el pie, dando algo de vida a un equipo blanco que pudo recortar distancias en sendas acciones de Bale y Ramos, pero en las que los 'merengues' se toparon con un inmenso Ter Stegen.

Los últimos minutos, con el partido roto, pudieron sellar una goleada de escándalo para los 'culés' a nada que André Gomes hubiera estado acertado, pero el Barcelona prefirió mantener el perfil bajo que ha llevado en todo el inicio de temporada. Ese poco ruido sólo fue interrumpido por el 0-3 de Aleix Vidal en el añadido, tanto que no debió subir al marcador por haber fuera de banda en el inicio de la jugada.

El Barcelona pasó como un vendaval en la segunda parte por el Bernabéu y se llevó el récord, el campeonato de invierno y quién sabe si también una Liga que tiene totalmente encarrilada. Y a partir de enero, con Dembélé, los azulgranas incluso serán más fuertes. El calendario, ese gran aliado para las remontadas, también les beneficia, pues ya han viajado a Mestalla, San Mamés, La Cerámica, Wanda y Santiago Bernabéu.

lunes, 14 de agosto de 2017

Adiós por cinco partidos a CR7

Ya se conoce cuál es la sanción impuesta a Cristiano Ronaldo tras su expulsión y posterior empujón a De Burgos Bengoechea durante el choque de la ida de la Supercopa ante el Barça.

El Comité ha sancionado al portugués con un partido por la expulsión y cuatro encuentros más por el empujón al árbitro. 

Una vez conocida la sanción impuesta a Cristiano Ronaldo, el Real Madrid puede recurrir ante el Comité de Competición en los próximos diez días para rebajar el castigo de su jugador. 

Mucho se ha estado hablando de la expulsión y el posterior empujón del portugués a De Burgos Bengoechea, y ya se conoce que el luso estará alejado de los terrenos de juego durante cinco encuentros. 

Tras la aplicación del Código Disciplinario de la RFEF, el Juez de Competición ha decidido sancionar al delantero blanco con un partido y una multa de 350 euros al club y con 800 euros al propio Cristiano por la expulsión. 

Además de la sanción por la doble amarilla, el Comité de Competición ha sancionado al luso por la acción con el árbitro del choque con cuatro partidos, una multa de 1.400 euros al Madrid y de 3.005 euros al futbolista. 

Con esta sanción, y a la espera del recurso del Real Madrid, Cristiano Ronaldo se perdería la vuelta de la Supercopa de España ante el Barça en el Bernabéu y los choques de Liga ante Deportivo, Valencia, Levante y Real Sociedad

jueves, 29 de junio de 2017

Portugal Campeón Eurocopa 2016

¡Éder! fue el héroe portugués. Con Cristiano lesionado y llorando en la camilla, el protagonista más inesperado de la noche apareció en la segunda parte de la prórroga para negar a Francia la gloria en casa y darle a Portugal la primera Eurocopa de su historia. ¡Éder!, insisto. Un jugador de esos que se convierten con el paso del tiempo en objeto de mofa en las redes o en las tertulias entre amigos. "Ahora va Éder y gana la Eurocopa, jeje", se escuchó con su salida. Pues oye, mira. Nunca se sabe.
Un dominguero, héroe nacional. Pero dominguero en el buen sentido, como un currante de esos que sacan las castañas del fuego a las grandes superficies trabajando domingos y festivos.Pues eso fue Éder. En una gran empresa en la que los vendedores estrella no aparecieron, tuvo que ser el que ficha con la tarjeta a primera hora. Un nombre que estaba condenado a pasar como uno más en ese gran registro civil que es el fútbol y que ahora se guarda una placa con letras de oro.
La final fue un sopor. Bueno, supongo que es lo que pasa cuando no la juegan los tuyos. Nos hubiera parecido el día más emocionante del lustro... En fin, que pareció una siesta a deshora de esas de verano en las que te despiertas empapado en sudor y con el ruido del helicóptero del Tour de fondo. Pero aquí el sonido que despertaba al espectador era el del balón chocando con los guantes de Rui Patricio de vez en cuando. La primera, a un Griezmann que ya se veía con el torso desnudo empuñando la tricolor cual alegoría de la República Francesa en la celebración de la victoria. Su cabezazo desde la frontal olía a primera piedra de la edificación de la gloria, pero un manoplazo cerca de la escuadra la convirtió en arena de playa.
Y de repente cambió todo. En esa actualidad del fútbol en la que un club pide ánimos para un condenado por evadir impuestos, un futbolista que se marcha lesionado y entre lágrimas del partido más importante de su vida se convierte en cubo de bilis. Cristiano Ronaldo desata más odios que ningún otro atleta en el mundo. Sea por la camiseta que viste durante la temporada, por su forma de ser o por lo que sea, la espuma que sale por las comisuras de los labios de algunos impiden ver al deportista, a la persona que lleva desde niño dejándose la piel en cada partido o minuto de gimnasio para intentar ser el mejor en su trabajo, para jugar partidos como el de París. Por eso lloró, para regocijo de algunos, cuando Payet le despertó del sueño y la camilla le trasladó a la pesadilla.
La guerra perdió un general y se convirtió en trinchera hasta que las estrategias se rehicieron.Un ejército se vio sin liderazgo y el otro sin el gran rival al que anular. Y Rui Patricio siguió parando. ASissoko (mención aparte para un jugador con tres pulmones que trató a todos sus compañeros como si fueran Bogart con aquello de "Sabes silbar, ¿verdad? Sólo tienes que juntar los labios y soplar"), a Giroud, a todos menos a Gignac, que se estrelló en el palo en el minuto 92' cuando Saint-Denis rozó el cielo con las yemas de los dedos.
Pero llegó la prórroga, Deschamps racaneó y Portugal se lo creyó. Raphael pegó una falta al larguero y un minuto después Éder se fabricó con un zapatazo lejano un trono en el Olimpo del fútbol luso.
Lloró Griezmann al despedirse de su Eurocopa como El Principito cuando dijo adiós a la rosa de su planeta antes de abandonarlo. Su torneo mereció mejor final, pero a su final le faltó un final feliz, el que rozó con la cabeza dos veces. Era el comandante de un transatlántico en busca del Golfo de Oro que tuvo que atracar en el mar de lágrimas del Cabo de Plata.
Y de repente cambió todo. En esa actualidad del fútbol en la que un club pide ánimos para un condenado por evadir impuestos, un futbolista que se marcha lesionado y entre lágrimas del partido más importante de su vida se convierte en cubo de bilis. Cristiano Ronaldo desata más odios que ningún otro atleta en el mundo. Sea por la camiseta que viste durante la temporada, por su forma de ser o por lo que sea, la espuma que sale por las comisuras de los labios de algunos impiden ver al deportista, a la persona que lleva desde niño dejándose la piel en cada partido o minuto de gimnasio para intentar ser el mejor en su trabajo, para jugar partidos como el de París. Por eso lloró, para regocijo de algunos, cuando Payet le despertó del sueño y la camilla le trasladó a la pesadilla.
La guerra perdió un general y se convirtió en trinchera hasta que las estrategias se rehicieron.Un ejército se vio sin liderazgo y el otro sin el gran rival al que anular. Y Rui Patricio siguió parando. A Sissoko (mención aparte para un jugador con tres pulmones que trató a todos sus compañeros como si fueran Bogart con aquello de "Sabes silbar, ¿verdad? Sólo tienes que juntar los labios y soplar"), a Giroud, a todos menos a Gignac, que se estrelló en el palo en el minuto 92' cuando Saint-Denis rozó el cielo con las yemas de los dedos.
Pero llegó la prórroga, Deschamps racaneó y Portugal se lo creyó. Raphael pegó una falta al larguero y un minuto después Éder se fabricó con un zapatazo lejano un trono en el Olimpo del fútbol luso.
Lloró Griezmann al despedirse de su Eurocopa como El Principito cuando dijo adiós a la rosa de su planeta antes de abandonarlo. Su torneo mereció mejor final, pero a su final le faltó un final feliz, el que rozó con la cabeza dos veces. Era el comandante de un transatlántico en busca del Golfo de Oro que tuvo que atracar en el mar de lágrimas del Cabo de Plata.

martes, 2 de mayo de 2017

El tiempo de dos monstruos en la cancha

Cristiano Ronaldo es el escritor que tuvo que devorarse cientos de libros para formar la opinión del gol y escribirla con la tinta de la contundencia aprendida.
Messi es el libro.
Las pláticas de café son ciertamente ociosas. La comparación tiene menos mérito que un gol sin portero. Al café oscuro no se le mide a través de un capuccino. Solo eliges uno, según las exigencias de tu paladar de sobremesa.
Pero digamos que Cristiano y Messi sobrepasaron ya la dosis de cafeína permitida y servida en cualquier cafetería de Madrid y Barcelona. 
O del mundo.
Messi es la aceleración y desaceleración con mirada bifocal, que decide en medio de una tormenta de ideas. Cristiano es Hugo Sánchez, vestido de modelo de Armani. 
CR7 requiere tocar dos balones para mandar tres a la portería. Se convirtió en un delantero centro con cuerpo de nadador. Messi, en cambio, se compró una casa de campo en media cancha, desde  donde parte a recoger leños, que incendiará después en la tribu enemiga.
Y lo hace casi trotando. Con la barba del leñador con overol, que se prende un cigarro, mientras ve arder las ramas.
Cristiano, por su parte, tiene prisa de gol. Le urge tanto una anotación como goma a su cabello. No sabe subsistir despeinado.
Cuando todo se parece tanto, no queda más recurso que el gusto por el estilo.
Pero ellos, por sí mismos, no se necesitan.
Una rubia de ojos verdes no requiere de una pelirroja de ojos azules para ser hermosa. Ni la otra para ser atractivamente peligrosa.
Nosotros somos los que necesitamos necesitarlos.
En todo caso, la culpa la tendría el tiempo por cometer la estupidez de empalmar el futbol de todos las épocas en los pies astrales de dos jugadores diametralmente opuestos.
Un cuchillo con filo de plata mata igual que un veneno caducado puesto en la sopa.
Uno duele más. Otro menos. 
La muerte no se entera de la forma. 
La vida sí. Messi y Cristiano matan de amor y de odio.

domingo, 19 de mayo de 2013

El legado de Mourinho en el Real Madrid

Tres títulos y un reguero de conflictos. Es el legado que dejará Mourinho tras su paso por el Real Madrid. Si ponemos en una balanza la trayectoria del portugués en el banquillo blanco, pesan más los líos que los éxitos.

Una Liga, una Copa, una Supercopa de España, estrechar el cerco con el Barcelona y recuperar el prestigio en Europa tras tres semifinales de Champions consecutivas ha sido su aportación. A cambio, innumerables confrontaciones con el club, los jugadores, la afición, la UEFA, los árbitros y los rivales. Pocos logros para justificar tantos jaleos.

Nada más aterrizar en el Real Madrid, Mourinho comenzó su cruzada con los árbitros. “El Barça casi siempre juega contra 10”, fue uno de sus primeros recaditos. Luego endurecería su discurso hasta ganarse una sanción ejemplar de la UEFA por su rajada en la ida de las semifinales de Champions ante el Barça y por el famoso paripé de las expulsiones de Ramos y Xabi en Ámsterdam.

También se enfrentó al club por querer dirigir provisionalmente a Portugal, echó un pulso a Valdano -al que acabó echando-, tuvo broncas con varios entrenadores rivales y ofendió al Málaga.

En su segunda temporada, afeó la imagen del Madrid con una acción que dio la vuelta al mundo: su agresión a Tito Vilanova durante la Supercopa de España. No fue la única de la temporada. Meses después, esperó al árbitro en el aparcamiento del Camp Nou para decirle cuatro cosas tras ser eliminado de la Copa del Rey por el Barcelona.

Guerra en el vestuario En esta última temporada, el problema de Mourinho ha estado en el propio vestuario del Madrid. Las guerras se trasladaron a Valdebebas y eso ha supuesto el principio del fin. El técnico ha tenido enfrentamientos con todos los pesos pesados de la plantilla blanca: Ramos, Özil, Casillas, Di María, Benzema, Cristiano y Pepe. También dinamitó la cantera blanca criticando con dureza a Toril, técnico del Castilla.

Incluso, Mou se atrevió a desafiar a la afición del Real Madrid cuando anunció que saldría al campo solo, unos minutos antes del comienzo del derbi, para que el que quisiera pitarle lo hiciese y luego animase a los jugadores.

También lo hizo con la FIFA, no asistiendo a la gala del Balón de Oro y dejándose ver a la hora del acto en un entrenamiento del Canillas, equipo donde juega su hijo. Con su futuro también ha jugueteado, dejando claro que Inglaterra es su predilección.

miércoles, 25 de abril de 2012

Se termino el sueño de la orejona para los Merengues

El Bayern Múnich certificó en la tanda de penaltis la cura de humildad que ayer martes inició el Chelsea. Una cura de humildad para prensa y aficionados, que nos frotábamos las manos ante la posibilidad de vivir un partido histórico en la final de la Liga de Campeones. Nunca para Real Madrid y Barcelona, que en ningún momento minusvaloraron a sus rivales.
El Madrid ganó en su partido ante el Bayern por 2-1, pero sólo le bastó para forzar la prórroga y acto seguido caer eliminado en la lotería de los penaltis. Iker Casillas, vitoreado por el Santiago Bernabéu, estuvo a la altura de las expectativas al detener dos penaltis, pero su labor no fue suficiente ante los fallos de Cristiano —primer penalti que falla con el Madrid—, Kakà y Sergio Ramos.
Lo cierto es que, salvo en la prórroga, el Real Madrid nunca dominó el juego. Y con juego no me refiero a la posesión —que tampoco— sino a tener el control del partido, jugar a lo que él quisiera. A los diez minutos se vio con un 2-0 en el marcador, pero fue más fruto de la casualidad que de una salida fulgurante, de un asedio. Un 2-0 con ambos goles de Cristiano Ronaldo que encarrilaba la eliminatoria, pero que no alteró un ápice las intenciones del conjunto bávaro.
El Madrid parecía partido, completamente sobrepasado en la lucha por el centro del campo. Kroos dirigía el juego a su antojo, y las continuas subidas de Alaba por la izquierda y Lahm por la derecha convertían cada ataque alemán en una acción de superioridad. Siempre había algún jugador del Bayern desmarcado, debido no sólo a la superioridad en el centro sino a desajustes defensivos en el Madrid. Desajustes provocados principalmente por Marcelo, notable en el ataque —aunque se está acostumbrando demasiado a subir conduciendo y nunca desdoblándose—, impecable en el uno contra uno ante Robben, pero con graves lagunas defensivas provocadas principalmente por su actitud y falta de atención. Sirva de ejemplo la oportunidad de Robben al poco de iniciarse el encuentro, ganándole la espalda al lateral brasileño y rematando sólo en el área pequeña. O la acción del penalti de Pepe —a pesar de esta acción, excepcional eliminatoria del central portugués—, en la que el Bayern aprovecha un agujero en su banda para colgar un centro a placer. Es una de las razones por las que en líneas generales Mourinho prefiere a Coentrao: conforma una línea defensiva junto a sus compañeros en la zaga más rígida y colectiva que con Marcelo.
El aspecto físico es otro punto donde el Madrid se ha encontrado totalmente superado. No es de extrañar, teniendo en cuenta que tres días antes tuvo que jugar un partido de la misma trascendencia. La tensión del clásico del pasado sábado pasa factura tanto física como mentalmente, y al igual que al Barça no se le veía fino ante el Chelsea, al Madrid se le veía agotado a los 10 minutos de la segunda parte. Por eso, no creo que la intención del Real Madrid fuera otorgarle el dominio del esférico al Bayern. Simplemente creo que no ha tenido la capacidad de arrebatárselo hasta que las fuerzas se han igualado en la prórroga y los de Mourinho han pasado a dominar el juego, hasta el punto de incluso tener alguna que otra oportunidad de hacer gol.
¿Deben saltar las alarmas? No. Aunque el Madrid ya está logrando títulos, sigue siendo un equipo joven, en construcción y continuo aprendizaje. Que es evidente que todavía tiene puntos débiles que deben corregirse, pero que ya es capaz de luchar por los tres títulos cada temporada. Y aunque ahora muchos dedos señalarán a Mourinho, puede que algunos con razón en lo que respecta a esta eliminatoria, él es el máximo responsable de la competitividad de este equipo. Se ha perdido una gran oportunidad de levantar la Décima, pero no será la última del Madrid de Mourinho.

Los 5 puntos del Clásico Barcelona vs Real Madrid

» Irreconocible Barcelona con el balón

Sin tener la estadística, no creo que el Barça de Guardiola haya perdido tantos balones nunca como los que perdió el pasado sábado. La construcción de juego culé fue una continua sangría de errores, en parte no provocados, en parte gracias a la presión madridista. Nunca le ha costado tanto al Barça enlazar todas sus líneas.

» Guardiola no dio con la tecla

Pocas veces se le puede criticar algo a Pep Guardiola, pero no está prohibido hacerlo. En esta ocasión, Guardiola no tuvo el acierto planteando el partido al que nos tiene acostumbrados y además tardó en reaccionar desde el banquillo. Hacía mucho que el Madrid no jugaba tan cómodamente ante el Barça, porque aunque la posesión fue culé, se jugó como el conjunto merengue quiso. No obstante, el mundo sigue.

» Messi, voluntad sin resultados

En el probablemente partido más gris de Messi ante el Madrid, el argentino fue lo más destacado de su equipo. Voluntarioso, pero poco efectivo. El crack mundial se alejó demasiado del área para ayudar en la construcción, facilitando la vida a Ramos y Pepe. No obstante, creó las jugadas de más peligro, incluída la del gol de Alexis.

La reválida de los secundarios »

Igual que les llueven los palos cuando las cosas no salen bien, en esta ocasión hay que reconocerles su gran actuación. Los actores secundarios madridistas tienen buena parte de culpa de la victoria. Hablo concretamente de Arbeloa, Coentrao y Khedira. El primero, ganando carreras a Tello una y otra vez. El segundo, tan injustamente criticado en los últimos días, fue un muro impenetrable para Alves. Y Khedira, autor del gol que encarriló el encuentro, un prodigio físico en las ayudas además de ser la sombra de Iniesta. 

» Cristiano Ronaldo, para los que dudaban

Eternamente discutido en las grandes citas, especialmente las que le enfrentaban con el Barça. Lo cierto es que si no me fallan las cuentas, en el último año ha marcado 6 o 7 goles en la portería blaugrana. Lo que esto demuestra es que en las malas tardes Cristiano no se escondía, simplemente no le llegaban las oportunidades de brillar. El pasado sábado, culminó perfectamente las pocas intervenciones de las que dispuso, y colocó la guinda a su portentosa actuación en esta Liga con su gol número 42. El de la victoria en el feudo rival, el que sentencia el campeonato.

domingo, 8 de abril de 2012

Los murciélagos le sacaron la sangre.

El Real Madrid no pasó del empate contra el Valencia, que resucitó la Liga en el Bernabéu (0-0). Los blancos se dejaron dos puntos, otra vez en casa, y ahora la diferencia con respecto al Barcelona es sólo de cuatro. Cómo se pone esto. El partido, monumental, tuvo de todo menos goles. Hubo alternativas, palos, ocasiones claras, intervenciones magníficas de los porteros y un Valencia que oscureció a un Real Madrid al que los murciélagos le sacaron la sangre.

Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, consideró que los jugadores de Jose Mourinho habían estado "un poquito ansiosos" en los últimos metros, lo que pudo influir en el 0-0 contra el Valencia que reduce a cuatro puntos la ventaja sobre el Barcelona.

Un planteamiento brillante de Unai Emery frenó en seco el camino del Real Madrid hacia el título, rebajó su pegada amparado en un acertado portero, Vicente Guaita, y desató la ansiedad del equipo de José Mourinho, acelerado al sentir la presión del Barcelona, que se sitúa a cuatro puntos.

Empiezan las finales. Aumenta la presión. Las piernas comienzan a pesar y cada triunfo tiene su peso en la lucha por los objetivos. Primero y tercero de la Liga se enfrentaban en el Santiago Bernabéu en uno de esos duelos señalados como decisivos en el camino madridista al título. Se notó un exceso de presión.
Y eso que el Valencia cambió su identidad buscando puntuar en el Bernabéu. Es la realidad de la Liga. La triste realidad de 30 puntos de diferencia entre ambos. Real Madrid y Barcelona están en otro mundo. El resto juega otra competición en la que el equipo valencianista es el primero. Después de tres jornadas sin ganar necesitaba puntuar y a Unai Emery no le tembló el pulso.
Se enfrentó al sector crítico del valencianismo con un equipo que sentaba a su goleador, Roberto Soldado, renunciaba a la llegada de Jonas y la fuerza en bandas de Pablo Hernández y Mathieu. Salía a tapar espacios de un rival que te destroza en oleadas. El Real Madrid recuperaba a Sami Khedira, pero perdía el ritmo que da al juego Esteban Granero. Su centro del campo no existió.
Los de Mourinho crean ocasiones por inercia, hasta en días donde la brillantez general se rebaja y solo se acerca a ella la privilegiada visión de Özil. Emery logró rebajar el vendaval de ideas ofensivas del Real Madrid pero corrió el riesgo de que una de las ocasiones de Cristiano tirase por tierra su planteamiento.
El duelo con Leo Messi engrandece la Liga y hace aún mejor a Cristiano. Tras el doblete del argentino y con la presión del Barcelona a tres puntos, Ronaldo salió con la portería en su mente. A los cuatro minutos disparaba cruzado. A los ocho soltó un latigazo al poste.
El Valencia, dirigido con templanza de un jugador que juega como un veterano, Dani Parejo, no renunció a llegar al área rival. Feghouli hizo daño entre líneas. Su disparo hizo volar a Casillas, que tuvo que salvar una de Piatti abajo. Fue lo poco que permitió Raúl Albiol. Serio y ovacionado por su afición. Sale con la cabeza alta de dos duelos decisivos, en Pamplona y ante el Valencia.
Se mascaba la tensión del partido. Özil inventaba jugabas que cobraban importancia cuando conectaba con Benzema. Cristiano perdonó en carrera con un derechazo a Guatia y de cabeza a pase de Higuaín tras un balón en largo de Pepe cuando los medio centros no aparecían.
A los 25 minutos Marcelo despejó al centro un balón muerto tras saque de esquina, el disparo de Tino Costa con potencia lo sacó Iker y el rechace lo estrelló en la madera Ricardo Costa.
La disciplina del Valencia sacaba a relucir la distancia entre líneas del Real Madrid. Preocupaba a Mourinho, que veía como su equipo fallaba lo que no perdona en otras ocasiones. Özil se topaba con un defensa que sacaba bajo palos su disparo. El técnico reaccionaba al descanso.
El primer balón que tocó el extremo argentino dejó a Cristiano ante Guaita, que sacó una mano abajo decisiva. El Real Madrid atacaba desde todos los frentes pero le faltaba el gol de su líder. Vio como la ansiedad se comenzaba a apoderar del equipo. El nerviosismo representado en Pepe, que en una de sus idas de cabeza, pegó una patada desde el suelo a la rodilla de Arbeloa pensando que era Piatti el que le levantaba del césped.
El paso de los minutos y la personalidad del Valencia incrementaban el nerviosismo madridista. Tino Costa soltaba un latigazo de 35 metros que repelió el travesaño. Fortalecido por el centro, el conjunto valencianista empujó a su rival a explotar las bandas. El juego del Real Madrid se redujo a di María, tan brillante en unas acciones como locuaz en otras.
Cristiano perdonó lo que nunca. Lanzado, tras ganar la carrera a Víctor Ruiz, se tropezó. El partido ya no tenía pausa. Era un duelo a vida o muerte. Las contras del Valencia acababan con un disparo cruzado de Mathieu o una parada salvadora de Casillas a Jordi Alba.
El encuentro acabó en asedio. En él emergió la figura de Guaita, que tiene sentado a un portero del nivel de Diego Álves. Demostró las razones. Paradón a un disparo de di María lejano y a tres remates de Benzema. Esos partidos que antes el Real Madrid ganaba a la heroica, ahora se le atragantan y encienden una Liga más viva que nunca. El Barcelona está a cuatro puntos.

martes, 24 de enero de 2012

El Clásico definitivo lleva directo a semifinales

La realidad de los clásicos disputados hasta el momento, dos en la temporada, ha echado por tierra el discurso pobre y chato del resultadismo más radical. Sucede que, según parece por el tono de las portadas dedicadas a José Mourinho, no todo se resume a la matemática final.
Cronología, titulares, modelos tácticos y consecuencias formales han llevado a aceptar lo que desde siempre defendemos: el resultado importa menos que el modo para conseguirlo. Todos concluyen, en este sentido, que el Real Madrid ha dado su mejor versión cuando ataca – ¡vaya descubrimiento!- que cuando elige encriptarse en los temores de su entrenador.

La otra enorme y triste conclusión es que el equipo dirigido por The Special Mou, ha ido al frente -contra el Barcelona sólo sintiéndose perdido no como argumento para ganar- y sin otro remedio que jugar ofensivamente o, mejor dicho, presionar más arriba. Así pues, escogiendo el cero en su portería en cada inicio eliminatorio, finalmente  José Mourinho no fue capaz de conseguirlo ni de dar una imagen de grandeza que, sólo ahora, le reclaman los oportunistas.

Sin embargo, y desde esta humilde óptica, hemos venido machacando sobre la idea y el mensaje: la excelencia debe ser el objetivo de los grandes. Todo lo demás es anecdótico y tanto Real Madrid como Barcelona están destinados a trascender los tiempos. Este Madrid también lo hará, pero de forma diferente: Pepe es el gran símbolo, lamentablemente, del estilo escogido, ya fuera de dudas y de cualquier campaña organizada para minimizar al FC Barcelona. Quienes lo hicieron han caído en el ridículo y también traspasarán los límites de la memoria, siendo de dudosa ética la calidad del legado.
Expuesto lo anterior, preguntamos: ¿está perdido el Real Madrid en el Camp Nou? Y respondemos: quien lo crea cometerá un grave error. Los merengues deberán salir a matar o morir desde el inicio porque, de lo contrario, perderán seguro y dejarán una imagen de pobreza insoportable para su afición. Además, Mourinho –que juega para su satisfacción personal- quedará herido de muerte -se habla que dejará el club en junio-.

También es honesto afirmar, a su vez, que el portugués ha sido siempre el mismo, y quienes quieren culpar a Hamit Altintop y Ricardo Carvalho del 1-2 en el Santiago Bernabéu, vuelven a caer en al facilismo irresponsable. El problema, creemos, fue no morir de pie ni intentar siquiera tener el balón, redundar en Pepe como mediocentro, no dejar a uno de los centrales presionar arriba, fundamentarse en Fabio Coentrao para detener a Alves, hacer jugar a Cristiano Ronaldo y Karim Benzema como dos carrileros defensivos y, por supuesto, no tener otro plan. En resumen, no son los nombres sino la escasa respuesta colectiva porque el discurso de Mou despierta dudas entre sus dirigidos españoles, acostumbrados a ganar todo de manera diferente.

Dicho esto, desde que Mourinho se dedica a entrenar, nunca hemos visto que sus equipos dominen desde la posesión y el control de juego -en duelos de relieve-. En este sentido, auguramos que los blancos aspirarán dejar caer el peso físico en la salida de balón del Barça y si los culés se equivocan en la circulación, el Madrid puede golpear primero, dar mejor imagen pero volver eliminado. ¿Por qué? Nadie es capaz sustentar su razón de ser en el despliegue físico permanente. Por el contrario, si lograra tener la pelota y jugar ataques largos, las posibilidades aumentarían.