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sábado, 16 de junio de 2012

Real Madrid se le conoce como 'los vikingos' y al Atlético como 'los indios'




Netzer_Breitner

El color de la camiseta del Real Madrid da lugar a sus apodos más conocidos, como los blancos o los merengues, pero no son los únicos: al equipo de Chamartín se le conoce también por otro apodo que nació por qué al Real Madrid se le relaciona con aquellos pueblos escandinavos que atemorizaron a Europa en la Edad Media. 

Para algunos el apodo de vikingos se remonta cuando el Real Madrid abrio sus puertas a los jugadores extranjeros.
ayala heredia 
Pero en los setenta se abrieron las fronteras y se permitió contratar a dos futbolistas extranjeros por equipo, número que fue aumentando progresivamente con el paso de los años. El Real Madrid y el Atlético no desaprovecharon la oportunidad. Entonces eran conocidos como los merengues y los colchoneros, estos últimos debido al color de rayas blancas y rojas que solían tener las fundas de los colchones españoles de la época. En un principio el apodo tenía una intención ofensiva, pero poco a poco lo fue asimilando la propia afición atlética hasta quedárselo para referirse a los suyos.
De esta manera, el Madrid fichó a varios jugadores procedentes de un fútbol alemán que entonces reinaba en Europa con el Bayern Múnich o la selección teutona. Así llegaron al Bernabéu Gunter Netzer, Paul Breitner, Jensen o Stielike. Por su parte, el Atlético fichó a varios futbolistas argentinos como Ayala, Heredia o Panadero Díaz, y debido a su estética de pelo largo y su procedencia, la afición madridista comenzó a denominar a los atléticos los indios para picar a su rival colchonero. La respuesta rojiblanca no se hizo esperar, y debido al aspecto nórdico de aquellos jugadores alemanes que había fichado el Madrid, fuertes, rubios o con bigote, comenzaron a conocer al rival como los vikingos.

lunes, 21 de mayo de 2012

El Chelsea FC campeón de la Champions League 2011-2012

El Chelsea FC es el nuevo Campeón de Europa tras imponerse en la tanda de penaltis al Bayern Munich, después de que ambos equipos empatasen a uno tras los primeros noventa minutos. El partido discurrió por los derroteros esperados. El Bayern aceptó el papel principal desde el minuto uno, manteniendo la posesión siempre con una vocación ofensiva, mientras que el Chelsea se limitó a defender por acumulación y esperar que Drogba cazara una.
Si alguien mereció ganar la final ése fue el Bayern. Capitalizó la posesión, generó decenas y decenas de acciones de ataque y lo intentó de todas las maneras: combinando por el interior, centrando desde los flancos, llegando a línea de fondo, disparando desde media y larga distancia… Pero le faltó acierto y le sobraron algunos centímetros. Igualito que al Barcelona.
Sin embargo, cuando el reloj ya apretaba los nervios y parecía que ambos contendientes firmaban las tablas de llegar a la prórroga, Thomas Müller cazó un centro al segundo palo que picó astutamente, provocando la confusión de un Cech que se vio superado por arriba. Minuto 85. Todo parecía visto para sentencia: iba a ganar el único que había hecho méritos para ello. Pero entonces llegó Didier Drogba, toda una fuerza de la naturaleza para, in extremis, devolver el empate al marcador.
Drogba fue el hombre de la final. Dos veces héroe y, por el medio, a punto de convertirse en villano. Al poco de comenzar la prórroga, se le escapó estúpidamente un pie con el que provocó un penalti sobre Ribèry. Pero Arjen Robben hizo la respiración Djuckic y, como suele ocurrir en estos casos, falló el lanzamiento. A pesar del bajón anímico, el Bayern aún dispuso de otra ocasión inmejorable: una extraordinaria dejada de Olic que Van Buyten no supo embocar.
Todo quedó visto para la sentencia de los penaltis. Lahm, el capitán, que había fallado en la tanda contra el Madrid, marcó el primero. A Mata, inexplicablemente elegido primer tirador por Di Matteo, le quedó grande semejante responsabilidad y falló. Mario Gómez y David Luiz marcaron los suyos y, a continuación, una sorpresa: Neuer fue el encargado de tirar el tercero de los suyos. Y lo hizo bien: la clavó a un palo. Luego vino Lampard y no falló. A partir de aquí el giro dramático: Cech le hizo un paradón espectacular a Olic, en uno de esos minoritarios casos en los que hay más mérito del portero que culpa del lanzador. Cole lanzó el cuarto y empató la tanda a tres. Último penalti para el Bayern para Schweinsteiger, el encargado de matar al Madrid en semifinales. Pero no es lo mismo tirar para ganar que para mantenerse vivo y lo erró. Momentazo para Drogba: heroico en semifinales, providencial en la final tras el gol muniqués y a punto de tirar todo por la borda en la prórroga. Una cita con la Historia que el marfileño no dejó escapar. Anotó el quinto para engrandecer su leyenda y darle su primera Champions League al Chelsea de Abramovich.

miércoles, 25 de abril de 2012

Se termino el sueño de la orejona para los Merengues

El Bayern Múnich certificó en la tanda de penaltis la cura de humildad que ayer martes inició el Chelsea. Una cura de humildad para prensa y aficionados, que nos frotábamos las manos ante la posibilidad de vivir un partido histórico en la final de la Liga de Campeones. Nunca para Real Madrid y Barcelona, que en ningún momento minusvaloraron a sus rivales.
El Madrid ganó en su partido ante el Bayern por 2-1, pero sólo le bastó para forzar la prórroga y acto seguido caer eliminado en la lotería de los penaltis. Iker Casillas, vitoreado por el Santiago Bernabéu, estuvo a la altura de las expectativas al detener dos penaltis, pero su labor no fue suficiente ante los fallos de Cristiano —primer penalti que falla con el Madrid—, Kakà y Sergio Ramos.
Lo cierto es que, salvo en la prórroga, el Real Madrid nunca dominó el juego. Y con juego no me refiero a la posesión —que tampoco— sino a tener el control del partido, jugar a lo que él quisiera. A los diez minutos se vio con un 2-0 en el marcador, pero fue más fruto de la casualidad que de una salida fulgurante, de un asedio. Un 2-0 con ambos goles de Cristiano Ronaldo que encarrilaba la eliminatoria, pero que no alteró un ápice las intenciones del conjunto bávaro.
El Madrid parecía partido, completamente sobrepasado en la lucha por el centro del campo. Kroos dirigía el juego a su antojo, y las continuas subidas de Alaba por la izquierda y Lahm por la derecha convertían cada ataque alemán en una acción de superioridad. Siempre había algún jugador del Bayern desmarcado, debido no sólo a la superioridad en el centro sino a desajustes defensivos en el Madrid. Desajustes provocados principalmente por Marcelo, notable en el ataque —aunque se está acostumbrando demasiado a subir conduciendo y nunca desdoblándose—, impecable en el uno contra uno ante Robben, pero con graves lagunas defensivas provocadas principalmente por su actitud y falta de atención. Sirva de ejemplo la oportunidad de Robben al poco de iniciarse el encuentro, ganándole la espalda al lateral brasileño y rematando sólo en el área pequeña. O la acción del penalti de Pepe —a pesar de esta acción, excepcional eliminatoria del central portugués—, en la que el Bayern aprovecha un agujero en su banda para colgar un centro a placer. Es una de las razones por las que en líneas generales Mourinho prefiere a Coentrao: conforma una línea defensiva junto a sus compañeros en la zaga más rígida y colectiva que con Marcelo.
El aspecto físico es otro punto donde el Madrid se ha encontrado totalmente superado. No es de extrañar, teniendo en cuenta que tres días antes tuvo que jugar un partido de la misma trascendencia. La tensión del clásico del pasado sábado pasa factura tanto física como mentalmente, y al igual que al Barça no se le veía fino ante el Chelsea, al Madrid se le veía agotado a los 10 minutos de la segunda parte. Por eso, no creo que la intención del Real Madrid fuera otorgarle el dominio del esférico al Bayern. Simplemente creo que no ha tenido la capacidad de arrebatárselo hasta que las fuerzas se han igualado en la prórroga y los de Mourinho han pasado a dominar el juego, hasta el punto de incluso tener alguna que otra oportunidad de hacer gol.
¿Deben saltar las alarmas? No. Aunque el Madrid ya está logrando títulos, sigue siendo un equipo joven, en construcción y continuo aprendizaje. Que es evidente que todavía tiene puntos débiles que deben corregirse, pero que ya es capaz de luchar por los tres títulos cada temporada. Y aunque ahora muchos dedos señalarán a Mourinho, puede que algunos con razón en lo que respecta a esta eliminatoria, él es el máximo responsable de la competitividad de este equipo. Se ha perdido una gran oportunidad de levantar la Décima, pero no será la última del Madrid de Mourinho.