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miércoles, 30 de mayo de 2012

El Depor es de Primera

372 días después de descender a la Liga Adelante, el Real Club Deportivo de La Coruña ha vuelto a ganarse el derecho de jugar en la Liga BBVA.

Es precisamente por Riazor y su parroquia por donde hay que empezar a hablar de este ascenso. La afición deportivista fue quien puso la primera piedra para lograr la difícil misión de volver a subir a la primera. 

Augusto César Lendoiro: quitando dos o tres jugadores, el presidente logró mantener en el equipo a la columna vertebral: Aranzubía, Colotto, Guardado, Riki… Y, al mismo tiempo, puso al mando a José Luis Oltra, un entrenador que ya había mostrado con creces su capacidad para ascender equipos. Pero el técnico valenciano no ha tenido un camino de rosas. Él mismo lo definió de manera inmejorable: “Con el Tenerife disfruté un ascenso. En el Dépor, lo sufrí“. En A Coruña el ascenso era, más que un sueño, una obligación. Nadie lo decía en voz alta, pero la exigencia estaba ahí: se llenaba el estadio y se gastaba dinero en los desplazamientos para un objetivo: volver a Primera.

El comienzo de la temporada fue difícil. A Oltra le llevó un tiempo (¿a quién no?) lograr asentar los dos pilares de la gesta: entender de verdad lo que es jugar en la Segunda División española y darle equilibrio a un equipo que Lotina había dejado roto. 

El equilibrio apareció no sin una dosis de fortuna, casi una ironía del destino. Jesús Vázquez, fichado para ejercer de mariscal de campo, considerado uno de los mejores strategos de la División de Plata, no era capaz de mover al equipo, ensombrecido incluso por la garra y el compromiso.

El Dépor, apoyado en sus excelentes resultados como local, fue cogiendo velocidad hasta que en la jornada 20 se puso líder, una posición que ya nunca abandonaría. Logró una racha de 31 puntos de 33 posibles, incluyendo nueve victorias seguidas. Sólo Celta y Valladolid lograron no perder comba para, cuando a los coruñeses les empezó a pesar lo larga que es la Liga Adelante, llegar a ponerse a 4 puntos en las últimas jornadas. Estos tres equipos se han ido retroalimentando en el reto del ascenso hasta superar todos los 80 puntos. No cabe duda de que son los que más se merecen subir. 

El mejor jugador del equipo, el que siempre aparecía cuando hacía falta, al que miraba la grada cada vez que se veía en problemas: Andrés Guardado, 11 goles, 12 asistencias y mucho más, pues ha participado, de una manera u otra, en más de dos tercios de los goles del Dépor.

Pero en Tarragona le dio la victoria al Dépor en el minuto 93 y este domingo, en Riazor, marcó el tanto que valió el ascenso. El héroe de las dos últimas páginas.
Pero falta uno. El más grande. El alma del equipo. En veinte días cumplirá 37 años. Dos operaciones en su rodilla. Un tipo que cuando el año pasado se consumó el descenso, vagó por el césped, con la mirada perdida y el corazón roto. Un tipo que le hizo una promesa a la afición: No lo dejaré sin devolver al Dépor a Primera. Y la ha cumplido, ¡vaya si lo ha hecho! Ya sabéis de quién habló: Don Juan Carlos Valerón Santana, El Flaco, El Mago de Arguineguín. El mismo que hizo las tres jugadas de los tres goles de Makaay que convirtieron al Dépor en el único equipo español que ha conquistado el Olímpico de Múnich, el mismo que puso de pie a todo Highbury Park, el mismo que convirtió la utopía de remontarle tres goles al Milan en algo real, el mismo que bailó en el Bernabéu la noche del Centenariazo…

Valerón es un semi-dios en A Coruña, la última reencarnación de Hércules. Fue allí, en La Torre, donde los Riazor Blues dejaron una de las imágenes más bonitas de la noche, creando un pasillo de fuego, de lume, para honrar a los héroes en el mismo lugar donde el hijo de Zeus derrotó al gigante Gerión.

Sobre lo difícil que será confeccionar una plantilla de garantías para jugar la temporada que viene en Primera ya habrá tiempo de hablar. Las preocupaciones no casan bien con las resacas de felicidad.

domingo, 8 de abril de 2012

Los murciélagos le sacaron la sangre.

El Real Madrid no pasó del empate contra el Valencia, que resucitó la Liga en el Bernabéu (0-0). Los blancos se dejaron dos puntos, otra vez en casa, y ahora la diferencia con respecto al Barcelona es sólo de cuatro. Cómo se pone esto. El partido, monumental, tuvo de todo menos goles. Hubo alternativas, palos, ocasiones claras, intervenciones magníficas de los porteros y un Valencia que oscureció a un Real Madrid al que los murciélagos le sacaron la sangre.

Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, consideró que los jugadores de Jose Mourinho habían estado "un poquito ansiosos" en los últimos metros, lo que pudo influir en el 0-0 contra el Valencia que reduce a cuatro puntos la ventaja sobre el Barcelona.

Un planteamiento brillante de Unai Emery frenó en seco el camino del Real Madrid hacia el título, rebajó su pegada amparado en un acertado portero, Vicente Guaita, y desató la ansiedad del equipo de José Mourinho, acelerado al sentir la presión del Barcelona, que se sitúa a cuatro puntos.

Empiezan las finales. Aumenta la presión. Las piernas comienzan a pesar y cada triunfo tiene su peso en la lucha por los objetivos. Primero y tercero de la Liga se enfrentaban en el Santiago Bernabéu en uno de esos duelos señalados como decisivos en el camino madridista al título. Se notó un exceso de presión.
Y eso que el Valencia cambió su identidad buscando puntuar en el Bernabéu. Es la realidad de la Liga. La triste realidad de 30 puntos de diferencia entre ambos. Real Madrid y Barcelona están en otro mundo. El resto juega otra competición en la que el equipo valencianista es el primero. Después de tres jornadas sin ganar necesitaba puntuar y a Unai Emery no le tembló el pulso.
Se enfrentó al sector crítico del valencianismo con un equipo que sentaba a su goleador, Roberto Soldado, renunciaba a la llegada de Jonas y la fuerza en bandas de Pablo Hernández y Mathieu. Salía a tapar espacios de un rival que te destroza en oleadas. El Real Madrid recuperaba a Sami Khedira, pero perdía el ritmo que da al juego Esteban Granero. Su centro del campo no existió.
Los de Mourinho crean ocasiones por inercia, hasta en días donde la brillantez general se rebaja y solo se acerca a ella la privilegiada visión de Özil. Emery logró rebajar el vendaval de ideas ofensivas del Real Madrid pero corrió el riesgo de que una de las ocasiones de Cristiano tirase por tierra su planteamiento.
El duelo con Leo Messi engrandece la Liga y hace aún mejor a Cristiano. Tras el doblete del argentino y con la presión del Barcelona a tres puntos, Ronaldo salió con la portería en su mente. A los cuatro minutos disparaba cruzado. A los ocho soltó un latigazo al poste.
El Valencia, dirigido con templanza de un jugador que juega como un veterano, Dani Parejo, no renunció a llegar al área rival. Feghouli hizo daño entre líneas. Su disparo hizo volar a Casillas, que tuvo que salvar una de Piatti abajo. Fue lo poco que permitió Raúl Albiol. Serio y ovacionado por su afición. Sale con la cabeza alta de dos duelos decisivos, en Pamplona y ante el Valencia.
Se mascaba la tensión del partido. Özil inventaba jugabas que cobraban importancia cuando conectaba con Benzema. Cristiano perdonó en carrera con un derechazo a Guatia y de cabeza a pase de Higuaín tras un balón en largo de Pepe cuando los medio centros no aparecían.
A los 25 minutos Marcelo despejó al centro un balón muerto tras saque de esquina, el disparo de Tino Costa con potencia lo sacó Iker y el rechace lo estrelló en la madera Ricardo Costa.
La disciplina del Valencia sacaba a relucir la distancia entre líneas del Real Madrid. Preocupaba a Mourinho, que veía como su equipo fallaba lo que no perdona en otras ocasiones. Özil se topaba con un defensa que sacaba bajo palos su disparo. El técnico reaccionaba al descanso.
El primer balón que tocó el extremo argentino dejó a Cristiano ante Guaita, que sacó una mano abajo decisiva. El Real Madrid atacaba desde todos los frentes pero le faltaba el gol de su líder. Vio como la ansiedad se comenzaba a apoderar del equipo. El nerviosismo representado en Pepe, que en una de sus idas de cabeza, pegó una patada desde el suelo a la rodilla de Arbeloa pensando que era Piatti el que le levantaba del césped.
El paso de los minutos y la personalidad del Valencia incrementaban el nerviosismo madridista. Tino Costa soltaba un latigazo de 35 metros que repelió el travesaño. Fortalecido por el centro, el conjunto valencianista empujó a su rival a explotar las bandas. El juego del Real Madrid se redujo a di María, tan brillante en unas acciones como locuaz en otras.
Cristiano perdonó lo que nunca. Lanzado, tras ganar la carrera a Víctor Ruiz, se tropezó. El partido ya no tenía pausa. Era un duelo a vida o muerte. Las contras del Valencia acababan con un disparo cruzado de Mathieu o una parada salvadora de Casillas a Jordi Alba.
El encuentro acabó en asedio. En él emergió la figura de Guaita, que tiene sentado a un portero del nivel de Diego Álves. Demostró las razones. Paradón a un disparo de di María lejano y a tres remates de Benzema. Esos partidos que antes el Real Madrid ganaba a la heroica, ahora se le atragantan y encienden una Liga más viva que nunca. El Barcelona está a cuatro puntos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

7 partidos y una lección aprendida

José Mourinho dirigirá esta noche el octavo enfrentamiento del Real Madrid ante el FC Barcelona en poco más de año y medio, de momento, con un balance negativo. Un título, una ‘manita’ y una lección que aprendió después del partido de ida de la Liga de Campeones: prohibido ser rácano. En esa primera mitad del partido del Santiago Bernabéu tiró una eliminatoria que estuvo más igualada en los otros 135 minutos. Es lo único en claro que se puede sacar de un choque en el que no hay un favorito y sí muchas especulaciones.
La primera se la llevó en la frente y con la mano abierta, 5-0. El 29 de noviembre de 2010, Mourinho recibió la mayor goleada que ha encajado como entrenador. Sus gestos en el banquillo del Camp Nou lo decían todo. Estaba sufriendo el huracán culé de tal manera que Di María terminó jugando de lateral zurdo para tapar las subidas de Dani Alves. En la previa se avisaba que Florentino Pérez había fichado a al técnico luso para ganar partidos como el de esa noche.
El segundo 'round' era el de la urgencia contra la ambición. El 16 de abril, Mou y Pep llegaban con los papeles cambiados ya que la presión y las necesidades las tenían el conjunto local. El empate final dejó un buen sabor de boca a ambos y la Liga en el bolsillo blaugrana. Llegaron con las posibilidades y la moral intacta para el primer título que se jugaba unos días después de forma directa. El experimento de Pepe en el centro del campo, que aplicó en el partido anterior en San Mamés, funcionó a los blancos.
"Cometed la primera falta y primera protesta"
20 de abril. A la tercera fue la vencida para Mourinho, no fue en 90 minutos pero ganó. La presión inicial sorprendió al Barcelona, aficionados y a la prensa. Mourinho quería estar metido en el partido desde el inicio y por eso había pedido a sus futbolistas que cometieran la primera falta y realizaran la primera protesta.
El Barcelona rebajó la euforia blanca ganando en territorio enemigo una semana después. El 27 de abril, el equipo de Guardiola casi sellaba su pase a la final de Champions con un 0-2 que dio de qué hablar. Más que por el marcador, por la manera en la que afrontó Mourinho el encuentro: rácano y conservador en la primera mitad. Al igual que en Copa sorprendió el empuje inicial, esta vez fue llamativo que no jugara igual que en la final de Valencia. Replegarse atrás le salió caro en un partido en el que, antes de disputarse, la Policía sopesaba emitir el manifiesto a favor del juego limpio en catalán. Mientras tanto, a Del Bosque lo que le preocupaba era la relación entre sus jugadores nacionales.
Con el marcador a favor. El Barcelona afrontó de manera más relajada de lo esperado la vuelta el 3 de mayo. En Madrid no tiraban la toalla pero gestos como la devolución de 3.000 entradas del club madridista al azulgrana significaba que no había excesivo optimismo en la gente de Mourinho. Kaká apareció por el once inicial y gracias a un córner mal sacado por el brasileño llegó el empate a uno final.
Temporada nueva, mismo Messi
Temporada nueva, vida nueva pero mismo resultado. El primer enfrentamiento de la temporada llegaría el 14 de agosto. Estaba en juego un título menor, la Supercopa, pero igual de oficial que la Copa de Europa. De hecho, estaba en juego la hegemonía del fútbol español. El 2-2 del Santiago Bernabéu decantaba a los culés como favoritos para la vuelta.
Tres días después se cumplió lo previsto gracias a un colosal Leo Messi. El argentino, sin pretemporada, se bastó para dar el título con el que el Barcelona igualaba al Real Madrid en trofeos oficiales. 3-2 a un equipo que confirmó su mejoría con respecto a hacía unos años. La intensidad y fortaleza física pusieron contra las cuerdas al mejor equipo del mundo.
Hoy, 10 de diciembre de 2011, se escribe el siguiente capítulo sabiendo que Mourinho ha gastado seis vidas y ha salvado una, con título incluido.