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jueves, 28 de abril de 2011

Bofo, el eterno Cuauhtémoc en potencia, un Damián Álvarez consumado

Pocos jugadores me generan tanta frustración como él. Podría ser un grande, pero nunca se decidió a serlo. Adolfo Bautista siempre se ha comportado como el estudiante que se sabe capaz y que sólo decide esforzarse cuando se le ocurre,cuando quiere aspirar al diez más por presunción que por verdadero amor hacia lo que hace. Es el típico que da según su estado de ánimo, sólo que recurrió tanto a esta fórmula que ya hasta cuando quiere no puede, pues la mediocridad pasó de ser una elección a una piel de la que ya no puede despojarse.
Bautista siempre ha sido un Cuauhtémoc Blanco en potencia. Su figura no es la más atlética, su look lo hace ver más carismático de lo que en realidad es y posee, porque supongo que ese talento aún lo tiene escondido por algún lugar, capacidades para hacer la jugada diferente en el instante en que los demás conciben convencionalismos. Es diferente, un jugador virtuoso por naturaleza pero conformista por elección.Sí, un Blanco en potencia, sólo en potencia. Cuauhtémoc se molesta consimo mismo cuando se le va una grande; Bautista, cuando ya ni siquiera juega, prefiere culpar a los promotores que sumergirse en su paupérrimo nivel para recuperar el terreno perdido.
Cuesta entender porque caer en lo oscuro cuando se tiene todo para brillar. Cuesta comprender porque un hombre capaz de provocar el más vulgar ardor de Boca Juniors en la Bombonera y de dar títulos a entrenadores con los que está peleado decide vivir en el terreno del profesional mercenario, ese que sólo se fija en tener los bolsillos llenos de dinero y no en llenar las vitrinas que a la postre recuerden a un jugador que aprovechó las virtudes que millones hubieran deseado.
Bofo se resignó a ser del montón antes que casi todos los que lo observábamos. Aguirre y Carrillo creyeron en él, Vergara sigue confiando en él, la afición aún rinde algunos aplausos de esperanza, yo todavía lo pongo como un Cuauhtémoc en potencia… No más, es hora de aceptar la triste realidad: Bautista no es un Blanco potencial, es un Damián Álvarez consumado. No me refiero a la Chilindrina, sino a ese que de cuando en cuando nos regalaba jugadas únicas y que hasta se atrevía a tener su marca propia sobre el rectángulo verde al hacer la damiana. Los dos talentos desperdiciados, los dos un lamento para la naturaleza del futbol.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

“Bofo” y el populismo de Vergara


Jorge Vergara ha vuelto a explotar su profunda capacidad para manipular el sentir de los aficionados. El propietario del Guadalajara decidió que era tiempo de recuperar terreno y apeló a su esencia populista para rehacerse de los servicios de un futbolista con notable inventiva sobre el rectángulo verde, pero con severas limitaciones en materia de disciplina, profesionalismo y constancia.

Cuestionar en estos momentos a Adolfo Bautista equivale a recibir comentarios de inconformidad por parte de quienes perciben que el “Bofo” es la pieza clave para que se geste el renacimiento de las Chivas. Sin embargo, estos defensores a ultranza del futbolista cometen el error de sobrevaluar su desempeño en la cancha y, de manera simultánea, minimizar los continuos fracasos del mismo a últimas fechas. Se dejan llevar por el impacto mediático y por lo atractivo que resulta el ex chiapaneco como imagen publicitaria, dejando de lado un extenso periodo de fracasos e ineficiencia.

El dueño del Rebaño repite el mismo esquema empleado al momento de repatriar a Omar Bravo. En ambos casos, la directiva ilusiona a una afición sedienta de gloria y urgida de construir esperanzas sustentadas o no con tal de sentir, aunque sea por un instante, que tienen con qué vivir días de éxito. Acto seguido, la parcialidad tapatía se deja engañar y acude al estadio pensando que los buenos resultados se gestarán con máxima celeridad.

Las realidades de Omar Bravo y Adolfo Bautista rompen con la lógica que apunta que los grandes equipos deben reforzarse con los mejores futbolistas del momento. En vez de respetar dicho principio, Guadalajara se ha transformado, en estos casos, en un salvavidas, en un refugio en el que ambos futbolistas buscarán redimirse de las malas decisiones tomadas dentro y fuera de la cancha. Escenario tan inexplicable como el que ocurría con Nery Castillo, a quien se le convocaba para que tuviera minutos de actividad y no perdiera ritmo, como si el trabajo de una representación nacional radicara en resucitar jugadores.

Dadas las circunstancias, resulta evidente que José Luis Real fue el menos tomado en cuenta a la hora de contratar a Bautista. El “Güero” sabe que su puesto en todo momento pende de un hilo y contradecir a Vergara o a Lebrija bien habría podido significar su despido o acarrear consecuencias que le impidieran laborar con tranquilidad. Sin embargo, en el fondo debe saber que Bautista en la actualidad no es garantía de nada y que está por integrar a un jugador que ha tenido problemas con sus técnicos, dividido internamente a equipos y experimentado severos problemas de sobrepeso.

El populismo nunca me ha parecido la mejor manera de tomar decisiones. Aún así, por el bien del Guadalajara, espero que Bautista se reencuentro con su futbol, que Chivas sea paciente y que los buenos tiempos vuelvan a los rumbos jaliscienses.